Una lluvia de abrazos para
Josefa Isabel
La lluvia no es el único percance que
gotea
no es la única madeja de arroyuelos
que nos cae encima
Tenemos el silencio.
Y punto.
Josefa Isabel Rojas Molina
Texto publicado el 9 de agosto del 2005 en la página
Hoy se vuelve a publicar por el cumpleaños 23 de regreso de Josefa I. Rojas.
Faltaban aun dos décadas para que terminara el siglo pasado. Yo ni siquiera imaginaba que unos meses después aprovecharía uno de esos intercambios culturales entre la UniSon y la Universidad Estatal de Arizona. Y fue en la pared externa de las aulas de la carrera de Letras Hispánicas, convertida en poemas que me sorprendieron, como conocí a una de las poetas más brillantes que ha dado Sonora a México, el mundo y la historia de las Letras: Josefa Isabel Rojas Molina.
De esa exposición montada a propuesta del inolvidable Maestro de Redacción César Briceño, extinto ya, nació mi amistad con Josefa (La Fita); una amistad de la que han brotado miles de ramas, luego de casi treinta años de convivencia, cartas, viajes, y hasta comadrazgo (si es que así fuera el femenino de compadrazgo). Aquel día, Josefa Isabel -ese nombre que tanto me sorprendió por el enorme parecido con el mío- cumplía 19 años. Daríoh Galaviz le regaló esa noche un par de claveles de rojos. Yo me acerqué después, con la curiosidad de un niño al acercarse por primera vez a su personaje favorito. Llegamos a la conclusión de que nuestro nombre había sido cuestión de herencia de las abuelas.
Pasó el tiempo, nuestra conversación de esos meses fue escasa. Yo salí a Tempe, Arizona ese agosto, un día después de que la pantalla del Hermosillo Flash marcaba temperaturas superiores a los 50 grados centígrados.
A finales de noviembre, cuando en Estados Unidos festejan su tradicional Día de Acción de Gracias, mi hermano César -que entonces estudiaba su maestría en Física- y yo, aprovechamos el asueto para visitar nuestra familia y amigos. Deseosa de ver a los míos, tomé un ruletero de la Gándara para ir a saludarlos; y ahí en la Sala de Lectura de la escuela de Altos Estudios, la Fita me dijo con toda la tranquilidad del mundo: "Te tengo una sorpresa"; abrió el libro que traía en la mano, me enseñó una foto donde aparecía ella con un bebé en su regazo. Es mi hijo -pronunió sin sobresaltos- nació el mes pasado. Para mí ha sido una de las sorpresas más inexplicables y gratas; nunca me habló de su embarazo. Y es especialmente curioso que aquella "sorpresa", llamada Santiago,quien se ha convertido ya en un geólogo que está a punto de casarse con Samantha, haya sido el motivo para su primer gran poemario: Para que escampe, editado por la Universidad de Sonora en 1991, donde aparece el poema:
"Ventana para Santiago"
Aquí le haré una ventana al sol
para que escampe.
Una ventana con cortinas amarillas
llenas de arcoiris
Con los cristales rotos
la ventana
(con municiones incrustadas)
Una ventana donde Santiago asome
su mirada
por donde pueda saltar su regocijo
e irse a volar con las cometas
y los pájaros
Una ventana con la luna enmedio
para que Santiago maúlle y juegue con la noche
Una ventana abriendo sus brazos a lo oscuro
donde se tropiece y entre sus caídas
conozca las luciérnagas
Una ventana a la noche
para que en sus sueños corretee a las estrellas.
Después, el tiempo se ha encargado de reunirnos o mantenernos geográficamente distantes; pero los medios han sido siempre aliados nuestros, dispuestos a conservar una amistad tan fuerte como los pilares más firmes. Así, el servicio postal, el teléfono, el correo electrónico, y hasta los servicios de paquetería del Tufesa han sido partícipes de todo tipo de envíos.
Cualquier visita a su casa en Cananea es un regreso a mi propia casa, donde sus padres Socorro y Santiago, su hermana Lupita y todos sus sobrinos, son una extensión de mi familia, en la cual yo soy la Madrina de Mariana, la tremenda. Y es que al término de las Horas de Junio de 1999, la Fita nos dio otra sorpresa. Y el 21 de octubre de ese año, un día antes del cumpleaños de Santiago, dio a luz a su hija Mariana Isabel, que ahora va al kínder, le gusta nadar y se siente la más orgullosa de sus compañeritos cuando va a la biblioteca para que su madre, que es la encargada, les proporcione toda la información del funcionamiento.
En Diciembre de 1999, el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en Sinaloa le publicó el poemario "Detenerte tanto", en una lujosa edición de pasta dura y un tiraje de mil ejemplares.
Josefa Isabel ha ganado múltiples premios, pero lo más importante: el reconocimiento de quien la ha escuchado o leído.
Actualmente es la encargada de la Biblioteca Pública de Cananea, Sonora. Sí ahí, en la cuna de la Revolución Mexicana, (que este 2006 cumple un siglo) en el lugar donde el propio Carlos Pellicer le dedica estas líneas:
...”de tus tiros partieron
los primeros alientos
de una aurora
que no ha dado la luz que necesito...”
Carlos Pellicer
La lluvia es tema recurrente en los poemas de Josefa, nativa de Cananea, donde llueve y nieva, y donde cada gota del cielo le provoca una lluvia de letras: en cartas, poemas, o cuentos.
Mucho se ha hablado en nuestra región de la falta de apoyo hacia algunos escritores y/o artistas. El caso de Josefa Isabel no es la excepción, aunque afortunadamente el plumaje de Fita no es de los que se manchan en pantanos. Su obra vale por sí misma y eso es lo que importa; que a pesar de tener que sobrevivir las adversidades, su labor como escritora sigue firme y desde ese lugar en que se encuentra sigue apoyando a otros artistas, al mismo tiempo que dota de ese alimento a su gente en la ciudad minera.
Sea como fuere, la Fita ha logrado la estimación de todos. Yo sólo sugería para ella más apoyos; hay una cantidad considerable de obra suya en espera de publicarse aun.
En fin, hay tanto qué decir de Josefa, que cualquier espacio es insuficente. Hay sólo que leerla.
Van unos cuantos poemas suyos de lluvia (¿o una lluvia de poemas suyos?). Y un millón de abrazos de esta amiga,hermana...comadre; Pina.
Llueve
Me tiro de cabeza
A darme un chapuzón
Entre tus piernas.
Llueve y llueve.
El agua es un ruido cayendo a chorros
desde los techos
limpios ya de tanta lluvia.
Los higos relucen en lo oscuro
escurren su llorar profundo y dulce.
Escondidos tras los botes de basura
los perros sufren y se quejan
del húmedo correr nocturno.
En los arroyos callejones
hay latas desbordando líquidos y mugre
y algunos pétalos naufragan solitarios.
Adentro de las casas todos duermen
Comen
Leen, hacen el amor
O escriben.
Nadie ríe
esta lluvia es algo serio
y moja.
Son las inundadas once de la noche
el cielo truena y se acongoja
hace frío y todo duele.
Llueve y llueve.
Noche de lluvia
Toda esta calle
Es una tortura.
Es un lodazal.
Un charco.
Caigo.
Me hago polvo
olvidado entre las gotas
y soy arroyo oscuro.
Caminando
Todos los caminos
que levan al mar
son húmedos
son llanto
gota
lluvia
saliva
y charco
Pongámonos sobre el cielo
las semillas remojadas
y sentémonos a ver cómo revientan
las nubes y los truenos
La lluvia siembra charcos
Y cosecha lodo espeso
Y ranas.
Ya vámonos
Es hora de cerrar la mar.
4 comments:
Sus poemas son tristes...
yeah!
..
saludines =)
por algo será que uno de sus libros se titula precisamente así:
"Para que escampe" ...para que escampe una lluvia infinita que no se detiene aún.
Luego les paso más poemas de ella: mi comadre, mi tocaya, mi hermana la Fita de Canapas.
mandame un correo a axell91@live.com --Ivonne GonzalezVincent
comunicate. --choby Flores.
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